Las ventajas de la siembra en seco de arroz
Esta técnica promete obtener cosechas más tempranas, mejorar el control de malezas, mecanizar las labores y disminuir el uso de agua hasta en 40%. Conozca los requerimientos para llevarla a cabo con éxito.
- Siembra directa
Esta técnica presenta una serie de ventajas como ser mecanizable y
reducir el uso de agua por hectárea. Así también permite obtener
cosechas más tempranas, controlar de mejor forma las malezas, reducir el
uso de semillas y, según algunos expertos, aumentar los rendimientos.
En Chile, el arroz se ha cultivado tradicionalmente entre las regiones
de O´Higgins y del Biobío bajo el sistema de inundación, debido a que el
agua permite paliar las bajas temperaturas y asegurar su mejor
desarrollo. Sin embargo, con la escasez del recurso hídrico y de la mano
de obra, los productores han debido recurrir al uso de nuevas técnicas,
donde la siembra directa o siembra en seco —utilizada con frecuencia en
países como Argentina, Uruguay o Brasil— se ha transformado en una
alternativa interesante. Y a los factores económicos productivos hay que
agregar el menor impacto ambiental que tiene esta técnica, producto de
la necesidad de menor volumen de agua, entre otros.Pese a que
los costos de producción son similares a los de la siembra tradicional,
esta técnica presenta una serie de ventajas como ser mecanizable y
reducir el uso de agua por hectárea. Así también permite obtener
cosechas más tempranas, controlar de mejor forma las malezas, reducir el
uso de semillas y, según algunos expertos, aumentar los rendimientos.
“Estamos decididos a incorporar nuevas tecnologías para lo que hemos buscado apoyo internacional. Esto ha generado un impacto que, en tres años, nos ha permitido pasar de 300 ha de siembra en seco a 3 mil este año. Los agricultores están tomando estas nuevas tecnologías con resultados espectaculares, lo que nos permitirá pasar de 50 a 80 quintales/ha en promedio”, explica Gonzalo Jordán, presidente de Maqsarroz.
A pocas semanas del inicio de la siembra de arroz —comienza los últimos días de septiembre—, los agricultores aún están a tiempo de decidir si quieren utilizarla. Por ello, les presentamos detalles a tener en cuenta para su uso:
1) Preparación del suelo
Un aspecto clave es que el suelo esté bien nivelado para que la semilla consiga una emergencia homogénea. Esto se obtiene con el uso de microniveladores láser (palas), que además ayudarán a que el suelo quede bien mullido y parejo para uniformar el nivel de altura de agua una vez que se realice la inundación.
“El pretil donde está el arroz, en cualquier punto de la piscina, debe quedar a la misma altura del agua, de forma uniforme. El arroz tiene problemas si tiene baja o alta altura, por lo que se debe realizar un manejo en el suelo para que quede parejo como si fuera una baldosa. Para ello se usan los microniveladores”, explica Edwin Moore, ingeniero agrónomo y gerente general de Maqsarroz.
El trabajo en el suelo y la cosecha a menudo desnivelan el suelo, por lo que los expertos recomiendan realizar la nivelación cada tres o cuatro temporadas.Una vez nivelado el suelo se debe realizar el barbecho químico, que consiste en la aplicación de herbicidas, en los que el ingrediente activo es el glifosato. Los volúmenes y formas de aplicación dependerán de las indicaciones determinadas en la etiqueta del producto comercial.
“El barbecho se debe realizar todas las temporadas con el fin de mantener el suelo limpio y libre de malezas antes de la siembra. Además, así se contribuye a una descomposición más rápida de los rastrojos. De esta manera, se logra que las malas hierbas mueran en aproximadamente diez días”, asegura Julieta Parada, ingeniera agrónoma e investigadora del Inia Quilamapu.
Lo ideal será aplicar estos productos un mes antes de la siembra (agosto-septiembre) con la ayuda de barras pulverizadoras hidráulicas, las que permiten distribuirlos de forma homogénea.
La próxima tarea será mullir el suelo a través de la utilización de rastras —idealmente la tipo offset, que está formada por dos cuerpos, uno detrás del otro, que invierten el suelo hacia la derecha y la izquierda— las que deben pasarse dos veces. Si a pesar de ello quedaran terrones, se recomienda utilizar rotofresadoras que, además de eliminarlos, ayudan a mullir el suelo y permiten una mejor emergencia de las semillas.
Si el agricultor lo desea, aunque no es requerimiento, se puede realizar un análisis en las zonas que hayan quedado libres para determinar qué nutrientes escasean en el suelo. Por lo general, esta labor se realiza entre junio y julio, cuando el cultivo ya está inundado y se encuentra en reposo esperando la cosecha. Basta realizar uno por temporada.
2) La siembra
La siembra se debe realizar, al igual que en el sistema tradicional, entre finales de septiembre y el 25 de octubre. Si el productor lleva a cabo la tarea después de esa fecha podría ver disminuido sus rendimientos aunque las condiciones climáticas sean las propicias para el cultivo.
Antes de realizar esta tarea no se debe regar ni llevar un control del nivel de humedad, ya que se parte de la base que la siembra se hará en seco.
A diferencia del proceso tradicional, donde por lo general la siembra se realiza al voleo con la ayuda de animales o aviones, la siembra en seco se realiza sobre hileras, por lo que requiere de la utilización de máquinas sembradoras que permitan que las semillas y los fertilizantes sean aplicados en la misma fila. (Ver proceso de fertilización posteriormente).
“Ésta es la principal diferencia con la siembra convencional donde se debe incorporar el fertilizante de forma separada. La utilización de estas sembradoras permite que la planta tenga un mejor y más rápido acceso a los nutrientes”, dice Parada.
En Chile, tradicionalmente se utilizan las sembradoras tipo Gaspardo, que permiten adaptar la profundidad de siembra y ajustar el ancho de las filas. Es importante tener en cuenta que el paso de las máquinas abre el surco, donde se depositará la semilla, a través de un disco.
Estas máquinas pueden sembrar en promedio seis hectáreas por día, por lo que un agricultor con una sembradora podría sembrar 10 a 12 hectáreas en sólo dos días. Se estima que el arriendo de maquinaria durante la temporada puede llegar a los $35 mil por ha.
En este sistema las hileras deben tener una separación aproximada de 17 cm entre una y otra.
La profundidad ideal de siembra, en tanto, va de 2 a 3 cm. Una mayor haría que la planta demorara más tiempo en emerger y retrasaría todos los procesos siguientes, incluyendo la cosecha.
Según expertos de Maqsarroz, la siembra directa puede generar un importante ahorro en el uso de semillas, lo que impacta de forma directa en el bolsillo del agricultor. “En la tradicional, la que se realiza principalmente al voleo (a pie o en avión), la cantidad de semillas que se utiliza ronda los 150 kilos/ha. En la directa, en cambio, se recomienda emplear 120 kilos/ha. Incluso, en países como Argentina o Brasil, se sugiere reducir la dosis hasta 80 kilos/ha”, asegura Moore.
No obstante, en el Inia dicen que hasta ahora no existe ningún ensayo que haya concluido que sea viable utilizar menos semillas en el territorio nacional.
Pese a que la utilización de la siembra directa no involucra un ahorro en el uso de fertilizante —las cantidades se determinan a partir de la información de las etiquetas de los productos o de los resultados del análisis de suelo—, sí permite que éste quede mejor localizado en el surco, lo que hará que la planta lo absorba más rápido.
El primer riego se debe efectuar un día después de la siembra (en el sistema tradicional no se riega porque ya está mojado). Luego, se debe regar una o dos veces más, dependiendo de la emergencia de las plantas y de la humedad del terreno.“Nosotros nos basamos en condiciones prácticas. Cada 12-15 días aplicamos un riego, dependiendo de las condiciones de humedad del suelo, ya que éste debe estar en condición de capacidad de campo, es decir, debe absorber más agua. Hay que fijarse en el terreno, no tanto en la planta”, dice Moore.
3) Control de malezas
Si el barbecho químico fue realizado en forma adecuada, la emergencia de malezas no debiera ser un problema hasta por dos semanas después de éste. Posteriormente, la siembra directa, a diferencia del sistema tradicional, permite realizar un mejor control de las malezas debido a que se pueden utilizar barras pulverizadoras, las que permiten obtener una mayor efectividad y cubrimiento de las malezas al proporcionar el tamaño de gota apropiado. En este caso, la barra pulverizadora debe ir accionada con el tractor y cargada con herbicidas, explica Parada.
En el sistema tradicional esta tarea se realiza de forma manual, ya que el terreno, al estar embarrado, no permite la entrada de maquinaria de ningún tipo. En este caso, a menudo, se utilizan bombas espalderas o aviones pulverizadores. De acuerdo a Edwin Moore esta técnica también se podría llevar a cabo en la siembra directa en aquellos casos en que el agricultor posea una superficie de cultivo de no más allá de 10 ha, es decir, un campo pequeño o mediano.
Independiente del aparato escogido, la aplicación de los herbicidas debe realizarse cuando las malezas tengan entre 3 y 4 hojas y de acuerdo a las dosis recomendadas por los fabricantes del producto que se utilice.
“Los agricultores, idealmente, deben elegir el herbicida a partir del tipo de maleza presente y su grado de infestación. Entre las más problemáticas y con amplia difusión dentro de los suelos arroceros se encuentra el hualcacho, que en la actualidad se controla mediante el uso del herbicida Ricer, en dosis de 200 cc/ha diluidas en 150 litros/ha”, explica Moore.
4) Fertilización
Esta labor es fundamental para el desarrollo del cultivo y se debe realizar en dos fases:
La primera durante la siembra, donde se debe aplicar un máximo de 20% del total de nitrógeno.
No obstante, hay expertos como Moore que se muestran contrarios a su uso en esta etapa fenológica del cultivo, pues considera que ello implica que “la planta se nutrirá de las reservas de la semilla”, asegura.
Los nutrientes que sí se recomiendan de forma obligatoria durante la siembra son el fósforo y el potasio, en dosis de 100%, lo que significa que se aplicará en su totalidad y no se reservarán unidades.
La segunda fase de la fertilización, en tanto, se debe realizar cuando el arroz alcance entre tres y cuatro hojas, lo que ocurre un día después de realizar el control de malezas y uno antes de realizar la inundación definitiva. Aquí se debe emplear urea, fertilizante sólido de mayor concentración de nitrógeno, indica Parada.
5) Inundación
Una vez que el arroz alcanza las cuatro hojas e inmediatamente después de la fertilización con urea, se debe proceder a la inundación, lo que por lo general ocurre un mes después de la siembra. “El arroz es un cultivo tropical, por lo que el agua actúa como un regulador de temperaturas. Esto es vital para enfrentar las temperaturas más frías que afectan a las zona productivas del país”, explica Moore.
La inundación es igual a la que se realiza en el sistema tradicional. La única diferencia es que en la siembra directa esta tarea se lleva a cabo después de la siembra (en noviembre) y no antes de ella (en octubre) como ocurre en el sistema tradicional.
En la inundación del sistema de siembra directa, la lámina de agua no debe superar los 15 o 20 cm de altura a medida que crece el cultivo, es decir, un tercio o un cuarto de la planta. El agua debe permanecer hasta el momento de la cosecha.
“¿Cuánta agua se ocupará en esta tarea? No existe el dato, pero se estima que en el sistema tradicional se usan 28.000 m3/ha y en el de siembra directa 19.600m3/ha, lo que equivale a un ahorro de 30% o 40%”, explica Moore.
En la práctica, dicen los expertos, este ahorro de agua permite evitar la reducción de la superficie de siembra, en caso de que exista sequía, tal como ha ocurrido en Chile en temporadas anteriores.
En el Inia, en tanto, prefieren no hablar de cifras sobre el uso y ahorro de agua con el sistema de siembra directa, ya que no se han hecho estudios al respecto.
Las ventajas y desventajas
Los costos
Si bien no existen datos sobre los costos de producción de la siembra en seco, se sabe que son muy similares a los que presenta el sistema de siembra tradicional. En ese contexto, se estima que el costo de producción para una hectárea de arroz se mueve entre $500 mil y $800 mil, mientras que los excedentes, en el caso de la siembra directa, por la misma unidad pueden llegar a $465.000 —esto corresponde a mayores ingresos producto de un mejor rendimiento—, según datos obtenidos de los registros, promediados de la temporada 2012/2013 de productores de las zonas de Retiro, Parral y Mantul, bajo el proyecto de investigación de siembra directa de arroz denominado:“Adaptación y validación de sistemas de producción de arroz de alto rendimiento en la zona arrocera nacional para incrementar la rentabilidad y competitividad del cultivo”, ejecutado por Maqsarroz y financiado por FIA.
“Estamos decididos a incorporar nuevas tecnologías para lo que hemos buscado apoyo internacional. Esto ha generado un impacto que, en tres años, nos ha permitido pasar de 300 ha de siembra en seco a 3 mil este año. Los agricultores están tomando estas nuevas tecnologías con resultados espectaculares, lo que nos permitirá pasar de 50 a 80 quintales/ha en promedio”, explica Gonzalo Jordán, presidente de Maqsarroz.
A pocas semanas del inicio de la siembra de arroz —comienza los últimos días de septiembre—, los agricultores aún están a tiempo de decidir si quieren utilizarla. Por ello, les presentamos detalles a tener en cuenta para su uso:
1) Preparación del suelo
Un aspecto clave es que el suelo esté bien nivelado para que la semilla consiga una emergencia homogénea. Esto se obtiene con el uso de microniveladores láser (palas), que además ayudarán a que el suelo quede bien mullido y parejo para uniformar el nivel de altura de agua una vez que se realice la inundación.
“El pretil donde está el arroz, en cualquier punto de la piscina, debe quedar a la misma altura del agua, de forma uniforme. El arroz tiene problemas si tiene baja o alta altura, por lo que se debe realizar un manejo en el suelo para que quede parejo como si fuera una baldosa. Para ello se usan los microniveladores”, explica Edwin Moore, ingeniero agrónomo y gerente general de Maqsarroz.
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ha por día logra abarcar una máquina sembradora.
ha por día logra abarcar una máquina sembradora.
El trabajo en el suelo y la cosecha a menudo desnivelan el suelo, por lo que los expertos recomiendan realizar la nivelación cada tres o cuatro temporadas.Una vez nivelado el suelo se debe realizar el barbecho químico, que consiste en la aplicación de herbicidas, en los que el ingrediente activo es el glifosato. Los volúmenes y formas de aplicación dependerán de las indicaciones determinadas en la etiqueta del producto comercial.
“El barbecho se debe realizar todas las temporadas con el fin de mantener el suelo limpio y libre de malezas antes de la siembra. Además, así se contribuye a una descomposición más rápida de los rastrojos. De esta manera, se logra que las malas hierbas mueran en aproximadamente diez días”, asegura Julieta Parada, ingeniera agrónoma e investigadora del Inia Quilamapu.
Lo ideal será aplicar estos productos un mes antes de la siembra (agosto-septiembre) con la ayuda de barras pulverizadoras hidráulicas, las que permiten distribuirlos de forma homogénea.
La próxima tarea será mullir el suelo a través de la utilización de rastras —idealmente la tipo offset, que está formada por dos cuerpos, uno detrás del otro, que invierten el suelo hacia la derecha y la izquierda— las que deben pasarse dos veces. Si a pesar de ello quedaran terrones, se recomienda utilizar rotofresadoras que, además de eliminarlos, ayudan a mullir el suelo y permiten una mejor emergencia de las semillas.
Si el agricultor lo desea, aunque no es requerimiento, se puede realizar un análisis en las zonas que hayan quedado libres para determinar qué nutrientes escasean en el suelo. Por lo general, esta labor se realiza entre junio y julio, cuando el cultivo ya está inundado y se encuentra en reposo esperando la cosecha. Basta realizar uno por temporada.
2) La siembra
La siembra se debe realizar, al igual que en el sistema tradicional, entre finales de septiembre y el 25 de octubre. Si el productor lleva a cabo la tarea después de esa fecha podría ver disminuido sus rendimientos aunque las condiciones climáticas sean las propicias para el cultivo.
Antes de realizar esta tarea no se debe regar ni llevar un control del nivel de humedad, ya que se parte de la base que la siembra se hará en seco.
A diferencia del proceso tradicional, donde por lo general la siembra se realiza al voleo con la ayuda de animales o aviones, la siembra en seco se realiza sobre hileras, por lo que requiere de la utilización de máquinas sembradoras que permitan que las semillas y los fertilizantes sean aplicados en la misma fila. (Ver proceso de fertilización posteriormente).
“Ésta es la principal diferencia con la siembra convencional donde se debe incorporar el fertilizante de forma separada. La utilización de estas sembradoras permite que la planta tenga un mejor y más rápido acceso a los nutrientes”, dice Parada.
En Chile, tradicionalmente se utilizan las sembradoras tipo Gaspardo, que permiten adaptar la profundidad de siembra y ajustar el ancho de las filas. Es importante tener en cuenta que el paso de las máquinas abre el surco, donde se depositará la semilla, a través de un disco.
Estas máquinas pueden sembrar en promedio seis hectáreas por día, por lo que un agricultor con una sembradora podría sembrar 10 a 12 hectáreas en sólo dos días. Se estima que el arriendo de maquinaria durante la temporada puede llegar a los $35 mil por ha.
En este sistema las hileras deben tener una separación aproximada de 17 cm entre una y otra.
La profundidad ideal de siembra, en tanto, va de 2 a 3 cm. Una mayor haría que la planta demorara más tiempo en emerger y retrasaría todos los procesos siguientes, incluyendo la cosecha.
Según expertos de Maqsarroz, la siembra directa puede generar un importante ahorro en el uso de semillas, lo que impacta de forma directa en el bolsillo del agricultor. “En la tradicional, la que se realiza principalmente al voleo (a pie o en avión), la cantidad de semillas que se utiliza ronda los 150 kilos/ha. En la directa, en cambio, se recomienda emplear 120 kilos/ha. Incluso, en países como Argentina o Brasil, se sugiere reducir la dosis hasta 80 kilos/ha”, asegura Moore.
No obstante, en el Inia dicen que hasta ahora no existe ningún ensayo que haya concluido que sea viable utilizar menos semillas en el territorio nacional.
Pese a que la utilización de la siembra directa no involucra un ahorro en el uso de fertilizante —las cantidades se determinan a partir de la información de las etiquetas de los productos o de los resultados del análisis de suelo—, sí permite que éste quede mejor localizado en el surco, lo que hará que la planta lo absorba más rápido.
500
mil/ha y 800 mil/ha son los costos de producción.
mil/ha y 800 mil/ha son los costos de producción.
El primer riego se debe efectuar un día después de la siembra (en el sistema tradicional no se riega porque ya está mojado). Luego, se debe regar una o dos veces más, dependiendo de la emergencia de las plantas y de la humedad del terreno.“Nosotros nos basamos en condiciones prácticas. Cada 12-15 días aplicamos un riego, dependiendo de las condiciones de humedad del suelo, ya que éste debe estar en condición de capacidad de campo, es decir, debe absorber más agua. Hay que fijarse en el terreno, no tanto en la planta”, dice Moore.
3) Control de malezas
Si el barbecho químico fue realizado en forma adecuada, la emergencia de malezas no debiera ser un problema hasta por dos semanas después de éste. Posteriormente, la siembra directa, a diferencia del sistema tradicional, permite realizar un mejor control de las malezas debido a que se pueden utilizar barras pulverizadoras, las que permiten obtener una mayor efectividad y cubrimiento de las malezas al proporcionar el tamaño de gota apropiado. En este caso, la barra pulverizadora debe ir accionada con el tractor y cargada con herbicidas, explica Parada.
En el sistema tradicional esta tarea se realiza de forma manual, ya que el terreno, al estar embarrado, no permite la entrada de maquinaria de ningún tipo. En este caso, a menudo, se utilizan bombas espalderas o aviones pulverizadores. De acuerdo a Edwin Moore esta técnica también se podría llevar a cabo en la siembra directa en aquellos casos en que el agricultor posea una superficie de cultivo de no más allá de 10 ha, es decir, un campo pequeño o mediano.
Independiente del aparato escogido, la aplicación de los herbicidas debe realizarse cuando las malezas tengan entre 3 y 4 hojas y de acuerdo a las dosis recomendadas por los fabricantes del producto que se utilice.
“Los agricultores, idealmente, deben elegir el herbicida a partir del tipo de maleza presente y su grado de infestación. Entre las más problemáticas y con amplia difusión dentro de los suelos arroceros se encuentra el hualcacho, que en la actualidad se controla mediante el uso del herbicida Ricer, en dosis de 200 cc/ha diluidas en 150 litros/ha”, explica Moore.
4) Fertilización
Esta labor es fundamental para el desarrollo del cultivo y se debe realizar en dos fases:
La primera durante la siembra, donde se debe aplicar un máximo de 20% del total de nitrógeno.
No obstante, hay expertos como Moore que se muestran contrarios a su uso en esta etapa fenológica del cultivo, pues considera que ello implica que “la planta se nutrirá de las reservas de la semilla”, asegura.
Los nutrientes que sí se recomiendan de forma obligatoria durante la siembra son el fósforo y el potasio, en dosis de 100%, lo que significa que se aplicará en su totalidad y no se reservarán unidades.
La segunda fase de la fertilización, en tanto, se debe realizar cuando el arroz alcance entre tres y cuatro hojas, lo que ocurre un día después de realizar el control de malezas y uno antes de realizar la inundación definitiva. Aquí se debe emplear urea, fertilizante sólido de mayor concentración de nitrógeno, indica Parada.
5) Inundación
Una vez que el arroz alcanza las cuatro hojas e inmediatamente después de la fertilización con urea, se debe proceder a la inundación, lo que por lo general ocurre un mes después de la siembra. “El arroz es un cultivo tropical, por lo que el agua actúa como un regulador de temperaturas. Esto es vital para enfrentar las temperaturas más frías que afectan a las zona productivas del país”, explica Moore.
La inundación es igual a la que se realiza en el sistema tradicional. La única diferencia es que en la siembra directa esta tarea se lleva a cabo después de la siembra (en noviembre) y no antes de ella (en octubre) como ocurre en el sistema tradicional.
En la inundación del sistema de siembra directa, la lámina de agua no debe superar los 15 o 20 cm de altura a medida que crece el cultivo, es decir, un tercio o un cuarto de la planta. El agua debe permanecer hasta el momento de la cosecha.
“¿Cuánta agua se ocupará en esta tarea? No existe el dato, pero se estima que en el sistema tradicional se usan 28.000 m3/ha y en el de siembra directa 19.600m3/ha, lo que equivale a un ahorro de 30% o 40%”, explica Moore.
En la práctica, dicen los expertos, este ahorro de agua permite evitar la reducción de la superficie de siembra, en caso de que exista sequía, tal como ha ocurrido en Chile en temporadas anteriores.
En el Inia, en tanto, prefieren no hablar de cifras sobre el uso y ahorro de agua con el sistema de siembra directa, ya que no se han hecho estudios al respecto.
Las ventajas y desventajas
| Ventajas | Desventajas | ||||
| Permite un mejor control de malezas, debido a la mecanización mediante pulverizadoras hidráulicas. En el sistema tradicional este proceso se hace de forma manual mediante bombas espalderas. | Requiere el uso de maquinaria, lo que obliga a los agricultores a comprar o arrendar. | ||||
| Existe una mayor oferta de herbicidas para controlar las malezas no acuáticas. | El arriendo de la maquinaria para la siembra de arroz no siempre está disponible para los agricultores, ya que compite con otros cultivos, lo que se puede transformar en un problema. | ||||
| El control de malezas es más rápido ya que se realiza una aplicación más homogénea de los agroquímicos. | La técnica involucra un cambio, lo que pude ser considerado como una desventaja si se parte de la base que los arroceros son, en general, reacios al uso de nuevas tecnologías. | ||||
| Genera un mayor ahorro de semillas. En el sistema tradicional se usa 150 o 160 kilos/ha mientras que en el directo 120 kilos/ha. Incluso, en experiencias extranjeras se sugiere utilizar 80 kilos/ha. | Como funciona en seco, en épocas lluviosas se deberá utilizar el sistema tradicional. | ||||
| Permite la mecanización del campo, fomentando el ahorro de mano de obra. | No existen estimaciones sobre los parámetros económicos de todos los procesos productivos. | ||||
| Propicia un mayor ahorro de agua, ya que el cultivo se inunda recién a la cuarta hoja y no a la primera. El ahorro de agua/ha puede llegar hasta 40%, según algunos especialistas. | |||||
| Permite sembrar y fertilizar al mismo tiempo debido al uso de sembradoras. | |||||
| Se pueden lograr cosechas más tempranas, hasta con una semana de anticipación. | |||||
| Se puede mejorar la calidad industrial del grano al obtener madurez uniforme. | |||||
| Se espera que logre aumentar los rendimientos, pasando de 50 a 80 quintales/ha en promedio. | |||||
| Fuente: Andrea Tapia | |||||
Los costos
Si bien no existen datos sobre los costos de producción de la siembra en seco, se sabe que son muy similares a los que presenta el sistema de siembra tradicional. En ese contexto, se estima que el costo de producción para una hectárea de arroz se mueve entre $500 mil y $800 mil, mientras que los excedentes, en el caso de la siembra directa, por la misma unidad pueden llegar a $465.000 —esto corresponde a mayores ingresos producto de un mejor rendimiento—, según datos obtenidos de los registros, promediados de la temporada 2012/2013 de productores de las zonas de Retiro, Parral y Mantul, bajo el proyecto de investigación de siembra directa de arroz denominado:“Adaptación y validación de sistemas de producción de arroz de alto rendimiento en la zona arrocera nacional para incrementar la rentabilidad y competitividad del cultivo”, ejecutado por Maqsarroz y financiado por FIA.
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